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Problemas de comportamiento en el perro

(Si te interesa este tema, visita nuestra página de Etología )

Existen diversos problemas de conducta que los PERROS pueden presentar en la convivencia diaria. La mayoría son fruto de la falta de ejercicio y una pobre estimulación ambiental (que genera aburrimiento), a menudo combinados con pautas de manejo inapropiadas para la especie, debido a la interpretación incorrecta que el propietario hace de la comunicación no verbal canina, así como de sus conductas normales. La falta de normas, la incoherencia en el día a día y una socialización escasa o inexistente (falta de exposición a estímulos cotidianos durante los primeros meses de vida) hacen el resto.

En consecuencia, muchos perros problemáticos no tienen en realidad ningún problema, simplemente desarrollan conductas inaceptables por sus dueños para dar salida a la excesiva energía y aburrimiento, manifiestan conductas normales para la especie pero no toleradas por las personas, o en el peor de los casos, denotan una falta de adaptación a un entorno que no entienden y que no respeta su naturaleza. En este último caso, además de modificar el estilo de vida del animal, generalmente es necesario además modificar las conductas del propietario para facilitar la adaptación del perro a su entorno.

Los perros necesitan una cantidad considerable de tiempo diario, que debe dedicarse a proporcionarle ejercicio y estimulación mental en forma de juego, tanto en el exterior como dentro de casa, así como a educarlo para que se integre correctamente en la sociedad y sepa cómo debe comportarse en cada momento. Si es dejado al azar, para que él mismo se desarrolle y aprenda las normas por su cuenta, lo habitual es que termine por generar múltiples problemas en lugar de dar satisfacciones. Se debe dedicar también cierto tiempo a habituarle a manejos cotidianos que puede que no sean de su agrado, como cepillado, revisión de pies, orejas y dientes, etc. Y finalmente, debe destinarse más tiempo aun a conocer las pautas de conducta normales (para aceptarlas o canalizaras en direcciones aceptables), y el modo en que ve y aprende un perro, con el fin de establecer una buena comunicación con él, entender y satisfacer sus necesidades, y poder educarle de modo amable y firme para sacar lo mejor del animal, previniendo además potenciales problemas.

Los jardines no sustituyen a los paseos, y otro perro no sustituye ni la compañía humana, ni la socialización. Si creemos no tener tiempo suficiente durante los próximos años, es preferible no tener perro.

Los problemas más habituales que no son tales, como fugas, cavar hoyos, desobediencia, ladridos persistentes, ensuciamiento en casa, ingestión de excrementos de otras especies, etc., a menudo se resuelven fácilmente con algunos cambios y una educación consistente, ya que en general son patrones de conducta normales en perros.

Los problemas más arraigados precisan de cambios más profundos, trabajo coherente y constante, y en ocasiones, de medicación (siempre bajo supervisión veterinaria). Destacan por su frecuencia de presentación, los siguientes:

1- Ansiedad por separación: problema que aparece cuando el perro se queda solo o se separa de una persona con la que ha establecido un vínculo de apego excesivo. Cursa con ansiedad y ataques de pánico, que se manifiestan generalmente con uno o varios de los siguientes síntomas: vocalización durante horas, destrozos de mobiliario, y orina y defeca en casa, a menudo varias veces en un plazo corto de tiempo. Es un problema que empeora con el tiempo, con el confinamiento (para evitar que rompa ciertos muebles), los castigos y el exceso de atención por parte de los propietarios.

2- Agresividad por dominancia: bajo este epígrafe se pueden encuadrar múltiples problemas de agresión del perro hacia miembros de la familia, principalmente. A menudo hay que distinguir las razones de la agresión y los contextos de la misma, pues muchos perros calificados como "dominantes" no lo son, y por lo tanto las soluciones al problema varían. Aparece con más frecuencia en machos, y se observa a menudo a partir de la pubertad (sobre el año en la mayoría de las razas). Estos perros a menudo no han recibido ningún tipo de adiestramiento, o éste es pobre, tienen una baja o nula tolerancia a la frustración (los intentos de dirigirle o de impedirle una acción desencadenan agresiones), y pueden presentar una clara preferencia de control sobre el miembro de la familia de igual sexo al suyo. No es una fase. Es un problema que se acrecienta con el tiempo, y que no debe dejarse pasar ni aceptar como "manías" del perro. Jamás debe afrontarse enfrentándose físicamente a él, ni asumir que "es dominante y por eso se comporta así" y rendirse a su conducta. Un manejo adecuado y coherente por parte de toda la familia, la educación y el saber interpretar el lenguaje corporal del perro para anticiparse a los problemas son claves en la resolución de este conflicto. A menudo, no hacer nada o tratar de corregir el problema por las malas suele conducir a que la agresividad termine por hacerse extensiva a amistades y desconocidos, y termina siendo una causa frecuente de sacrificio del perro.

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